El Dios que me ve. Reflexión

El Dios que me ve.
El Dios que me ve

El Dios que me ve ¿me ve?

Quiero compartir esta anécdota que me ha estado siguiendo toda la semana y relacionarla con el Dios que me ve, no sé la razón pero quizás a alguno le puede servir.

Mi papá, yo y tigres.

Seguramente muchos lo saben: soy fanático de Tigres, lo que algunos no saben es que de niño cada quince días iba con mi papá a la cancha (Gracias a mi mamá que hacía grandes filas para comprarnos y renovar los abonos).

Era un día esperado no solo por ver a mis Tigres sino que era el día que, ligado a estar juntos por mis partidos mañaneros, sería un día para estar con mi papá.

México: Un país clasista.

Tal vez para aquellos que viven fuera no lo creerían, pero México es un país azotado por una estructura clasista tan fuerte que a veces pasa desapercibida, pero existe.

Especialmente en Monterrey hay una especie de sentimiento de superioridad sobre la gente de San Luis Potosí de quienes se cree solo son las trabajadoras del hogar o los vendedores de semillitas (Creo que esto se repite en todo el país con diferentes estados)

Semillas ¿quién las vende?

Justamente las cosas anteriores se juntan con lo que les quiero contar, un día en la cancha con mi papá, vendedores de semillas y clasismo mexicano (¿norteño?)

Mi papá y yo llegábamos muy temprano siempre, para matar las ansias de la espera nada mejor (y más barato) que las semillitas, cada 15 días comprábamos dos paquetes.

Realmente nunca me pregunté ¿quién vende las semillas? Para mí era comprar al primero que nos ofreciera, darle los 20 pesos y recibir mis dos paquetes, nada más y nada menos.

Una mirada vale las gracias.

Aquel día me di cuenta lo poco sabio que yo era (era un niño) y lo mucho que podría aprender de mi padre (que espero un poco lo puedan ver en mi vida).

Ya habíamos comprado nuestros paquetes quincenales y caminábamos hacía la entrada de la cancha, cuando una señora nos ofreció de nuevo -“¿Quieren comprar semillas?” -“No, gracias” -le contestó mi papá -“¡Gracias! -Le contestó ella.

¿Gracias? -“Pá, ¿por qué te dio las gracias si no le compraste nada? ¿Fue sarcasmo?” -En mi mente de niño no comprendía lo que había pasado, necesitaba una respuesta:

-“La mayoría de la gente ni los ve, nosotros rechazamos amablemente su oferta, por eso nos dio las gracias”

¿Mirar es la diferencia? Muchos años después puedo decir: Sí, mirar es la diferencia.

El Dios que me ve ¿Por qué me ve?

Creo que en el cristianismo muchas veces nos hemos enfocado tanto en el asunto de ver a Dios que nos hemos olvidado de la importancia de que Dios nos ve a nosotros.

Dios no me ve como el policía que espera que falle, él me ve como mi papá me enseñó a mirar a todos, dándome la dignidad de ser amado, de valer lo mismo que cualquier otro.

No es casualidad que quien descubre este nombre de Dios es Agar, la esclava abusada, la vendedora de semillas, la que siempre ha estado a la sombra, la que nunca ha sido vista.

¿Y yo veo?

Pero quiero que vayamos más lejos, ¿vemos nosotros como el Dios que ve? ¿Le damos el mismo valor a todos? En Latinoamérica es fácil no ver, porque ver duele.

Abrir los ojos y ver a niños siendo explotados frente a nuestras narices duele, abrir los ojos y ver adolescentes drogándose no es fácil ¿quién quiere abrir los ojos?

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Muchas gracias por el apoyo, por los comentarios y por compartir, ¡ojalá todos podamos abrir los ojos un día!

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