Una fiesta sorpresa.

Sábado de feria americana.

Para los que han preguntado, “feria americana” se le dice en Argentina a lo que en otros países sería una ventaja de garaje, es decir, una venta de cosas (principalmente ropa) nueva y usada a un precio muy económico.

El sábado pasado tuvimos la primera edición de nuestra feria americana en la que aprovechamos donaciones que nos han llegado para poner a la disposición del bario ropa muy barata y al mismo tiempo recaudar fondos para el merendero.

Un “desafortunado” mal entendido.

Aunque fue una muy buena feria casi al inicio tuvimos un pequeño inconveniente gracias a una falla de comunicación mía (ninguno de nosotros es experto en esto, los errores pueden llegar) que hizo que Gaby, la madre de los primeros niños que han llegado a nuestro merendero saliera ofendida y llorando, a pesar de nuestros esfuerzos no la pudimos detener y nos quedó ese pequeño mal sabor de boca.

Buscar al herido.

Con la convicción de buscar hablar con ella llegamos el martes al merendero, no sabíamos si vendría pero decidimos estar atentos al momento que llegara por sus hijos a la escuela, la cual está a la vuelta de la iglesia.

Por cierto, el sábado nos había contado que su hija Camila cumplía años el martes y habíamos prometido cantarle el feliz cumpleaños juntos, pero con todo lo sucedido no sabíamos realmente que esperar.

Aproximadamente a las 17 pasó por frente a la iglesia cargando dos tortas y la primera reacción no fue muy alentadora: “me trataron muy mal, les voy a decir a todas que no traigan a sus niños aquí” escuchamos que le decía a su compañera.

Insistir en el amor.

Decidí seguirla y pedirle perdón por el malentendido “voy de prisa Alex, pasó después” me dijo, pues tenían que llevar las tortas a la escuela, “¿será verdad o solo un pretexto?” Pensé, no iba a dejar que, queriendo ser una iglesia que bendice, una de nuestras primeras contactos acabara ofendida así que esperamos hasta que fueran saliendo los niños de la escuela.

”¿se te perdió algo? Ya diste muchas vueltas por acá”, me dijo un señor viéndome rondando la escuela, espero no piense que soy un acosador, “estoy esperando a esa señora, necesito entregarle algo”le dije y Justo iba saliendo Gaby, su hija Cami, sus otros dos hijos y un grupo de amigos.

”por lo que haya pasado te quiero pedir perdón en nombre de todos” le dije, no había llegado nadie al merendero aún pero lo más importante no era llenar sino conseguir sanar una herida, “yo sé que te quedaste mal Alex, no te hagas problema, el próximo martes vamos a venir, ahora vamos a ir a celebrar a casa”dijo, me abrazó y el corazón me volvió al cuerpo.

Una iglesia abierta para celebrar.

En ese momento Gabi, mi esposa, estaba en la puerta de la iglesia esperando niños, al verme caminando en medio de tantos se emocionó, emoción que le duró poco cuando le dije que volverían el martes siguiente pero hoy no.

”¿y por qué no celebran aquí?” Me preguntó, “ya tenemos arreglado y hay mucho espacio para que se diviertan”, “ve a decirles si quieres” le dije, realmente poco convencido de que la fueran a escuchar.

Mientras tanto fui a la cocina donde estaba Carmen calentando la leche por si llegaba alguien a contarle lo que había pasado pues también se había quedado triste con lo del sábado, “Gabi está intentando convencerlo de que se queden pero no creo…” estaba diciendo cuando empecé a escuchar mucho ruido de niños.

¡Tenemos fiesta!

¡se quedaron!, un puñado de niños jugando en la cancha, tomando chocolate caliente, anotándose para las clases de apoyo escolar que tendremos y sobre todo sintiéndose amados por un puñado de desconocidos, tal vez no lo sepan, pero es el amor de Jesús.

Gaby, la madre de los niños, fue a su casa a traer panchos que tenía para preparar, cocinó en la iglesia y comimos y jugamos todos juntos, tuvimos charlas con las madres y un padre de los diferentes niños sobre la iglesia, lo que creemos y lo que queremos lograr y dijeron que seguirían viniendo, no solo los martes sino los domingos.

Ver la sonrisa de Dios en los niños.

Sinceramente no escribo nada de esto para exaltar a nadie, ninguno de los que estamos aquí sabemos hacer mucho más que amar, incluso ayer quedó en descubierto que nos hace falta mucha práctica para tratar con muchos niños, pero Dios es realmente bueno.

Alguno se preguntará: “¿esperas que esos niños se hagan cristianos evangélicos?” Mi respuesta será: “espero que al ver la sonrisa de Dio en esos niños nosotros mismos nos hagamos más parecidos a Cristo”.

Donaciones.

Como siempre les agradezco tomarse el tiempo de leerme y les cuento que todo esto no sería posible sin tanta gente que desde su lugar está orando por nosotros y por otros que nos han donado ropa, leche e incluso (dándonos la responsabilidad de la confianza) dinero en efectivo para poder mantener el merendero funcionando.

Si quieres unirte al proyecto que Dios tiene para el barrio de Villa Crespo a través de nuestra iglesia te invito a contactarte conmigo y poder cooperar en las distintas actividades tanto con donaciones como con presencia, bendiciones a todos y gracias por compartir.

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