Capítulo I: Todo se encuentra en Sicar

Me quedé sin saber su nombre pero si la vida nos vuelve a poner en el mismo camino seguro lo voy a reconocer, un hombre de pelo muy largo que fumaba marihuana en la estación donde el tren de las sierras en Córdoba hace una parada para permitir a los pasajeros salir a estirar las piernas y comprar algo para comer si así lo desearán.

“Déjame salir a estirar la pierna y a hacer amigos” le dije a Gabí bromeando mientras me levantaba de mi asiento para salir también a tomar algunas fotos del lindo paisaje de las sierras, entonces lo ví jugando con su hijo, también de pelo largo y con quien parecía que tenía una amistad pocas veces vista hoy entre padres e hijos, e ir a charlar con él fue una tentación que alguien como yo no puede resistir.

“Amor, dice mi amigo que podemos quedarnos en su casa si no queremos pagar camping y qué él nos lleva a conocer el pueblo en su camioneta” le diría yo a Gabí cuando volvimos al tren para seguir nuestro camino. Al final los planes fueron otros, nos recomendó en la terminal un lugar para comer, y cada quien siguió su rumbo, un pequeño encuentro con un desconocido que hizo del camino un poquito más divertido.

¿Cuántos encuentros anónimos nos perdemos durante el transcurso de nuestros veloces y presionados días? ¿Deberíamos aprender de nuestro maestro y darnos el tiempo de establecer contacto con aquellos que muchas veces pasan desapercibidos, consciente o inconscientemente por la sociedad?

Fue en una pequeña ciudad llamada Sicar en donde se desarrolló el relato que vamos a examinar, ¿o vamos a dejar que el nos examine a nosotros, pues para eso está escrito? Sicar es una pequeña ciudad de la provincia de Samaria mejor conocida, según el relato bíblico, por ser la ciudad en donde se encontraba el pozo de Jacob, el cual los samaritanos consideraban un regalo del mismo Jacob al que consideraban, igual que los judíos, su padre.

Leamos la historia tal como aparece en la Biblia en Juan 4.4-42:

“Y tenía que pasar por Samaria. Llegó, pues, a una ciudad de Samaria llamada Sicar, cerca de la parcela de tierra que Jacob dio a su hijo José; y allí estaba el pozo de Jacob. Entonces Jesús, cansado del camino, se sentó junto al pozo. Era como la hora sexta. Una mujer de Samaria vino a sacar agua, y Jesús le dijo: Dame de beber. Pues sus discípulos habían ido a la ciudad a comprar alimentos. Entonces la mujer samaritana le dijo: ¿Cómo es que tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana? (Porque los judíos no tienen tratos con los samaritanos.) Respondió Jesús y le dijo: Si tú conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: «Dame de beber», tú le habrías pedido a El, y El te hubiera dado agua viva. Ella le dijo: Señor, no tienes con qué sacarla, y el pozo es hondo; ¿de dónde, pues, tienes esa agua viva? ¿Acaso eres tú mayor que nuestro padre Jacob, que nos dio el pozo del cual bebió él mismo, y sus hijos, y sus ganados? Respondió Jesús y le dijo: Todo el que beba de esta agua volverá a tener sed, pero el que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré se convertirá en él en una fuente de agua que brota para vida eterna. La mujer le dijo: Señor, dame esa agua, para que no tenga sed ni venga hasta aquí a sacar la. El le dijo: Ve, llama a tu marido y ven acá. Respondió la mujer y le dijo: No tengo marido. Jesús le dijo: Bien has dicho: «No tengo marido», porque cinco maridos has tenido, y el que ahora tienes no es tu marido; en eso has dicho la verdad. La mujer le dijo: Señor, me parece que tú eres profeta. Nuestros padres adoraron en este monte, y vosotros decís que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar. Jesús le dijo: Mujer, créeme; la hora viene cuando ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre. Vosotros adoráis lo que no conocéis; nosotros adoramos lo que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero la hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque ciertamente a los tales el Padre busca que le adoren. Dios es espíritu, y los que le adoran deben adorarle en espíritu y en verdad. La mujer le dijo: Sé que el Mesías viene (el que es llamado Cristo); cuando El venga nos declarará todo. Jesús le dijo: Yo soy, el que habla contigo. En esto llegaron sus discípulos y se admiraron de que hablara con una mujer, pero ninguno le preguntó: ¿Qué tratas de averiguar? o: ¿Por qué hablas con ella? Entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y dijo a los hombres: Venid, ved a un hombre que me ha dicho todo lo que yo he hecho. ¿No será éste el Cristo? Y salieron de la ciudad e iban a El. Mientras tanto, los discípulos le rogaban, diciendo: Rabí, come. Pero El les dijo: Yo tengo para comer una comida que vosotros no sabéis. Los discípulos entonces se decían entre sí: ¿Le habrá traído alguien de comer? Jesús les dijo: Mi comida es hacer la voluntad del que me envió y llevar a cabo su obra. ¿No decís vosotros: «Todavía faltan cuatro meses, y después viene la siega»? He aquí, yo os digo: Alzad vuestros ojos y ved los campos que ya están blancos para la siega. Ya el segador recibe salario y recoge fruto para vida eterna, para que el que siembra se regocije juntamente con el que siega. Porque en este caso el dicho es verdadero: «Uno es el que siembra y otro el que siega.» Yo os envié a segar lo que no habéis trabajado; otros han trabajado y vosotros habéis entrado en su labor. Y de aquella ciudad, muchos de los samaritanos creyeron en El por la palabra de la mujer que daba testimonio, diciendo: El me dijo todo lo que yo he hecho. De modo que cuando los samaritanos vinieron a El, le rogaban que se quedara con ellos; y se quedó allí dos días. Y muchos más creyeron por su palabra, y decían a la mujer: Ya no creemos por lo que tú has dicho, porque nosotros mismos le hemos oído, y sabemos que éste es en verdad el Salvador del mundo.”

Lo que parece un relato aislado en el evangelio de Juan realmente sintetiza de una manera asombrosa la enseñanza bíblica sobre los encuentros, en él, podemos reflejarnos y darnos cuenta de que estamos diseñados para encontrarnos y solamente aceptando el encuentro primordial podremos lograr que nuestros siguientes encuentros existenciales sean exitosos y nos lleven a vivir una vida plena de libertad y amor, brevemente repasemos los diferentes tipos de encuentros que aparecen en el texto:

Encuentro de Dios con el humano.

Este es el primer encuentro fundamental para el hombre, Dios mismo es el que desea encontrarse con el humano desde el génesis hasta el Apocalipsis, algunos han llamado a la biblia “una carta de amor de Dios” y no está muy alejada de serlo pues Dios siempre clama al humano para encontrarse con él.

Encuentro del humano con Dios.

Sin buscarlo, y muchas veces yendo en la dirección contraría, el ser humano se encuentra con Dios en el camino y se enfrenta entonces a una decisión que afecta toda su existencia, ¿abrirá su vida al amor eterno pero arriesgado que le promete Dios?

Encuentro de Dios con Dios.

Por otro lado el pasaje también nos deja ver un encuentro que ya acontecía desde la eternidad, Dios se encuentra eternamente consigo mismo en la santísima trinidad, misterio eterno, si, pero revelador para la vida humana, Jesús sabe que la plenitud de su vida no se encuentra en las cosas materiales sino en su forma de relacionarse con el Padre.

Encuentro del humano con el humano. (De enemigos a amigos)

El encuentro con Dios nos motiva a encontrarnos ahora de forma diferente con los demás humanos y los que antes eran nuestros enemigos (samaritanos y judíos) ahora se pueden unir para juntos mostrar el amor que han recibido, a través de toda la revelación bíblica queda claro que una mala relación con Dios también conlleva una mala relación con los demás y viceversa.

Encuentro del humano su historia personal (presente, pasado y futuro)

Algo revelador del encuentro de la samaritana con Jesús, es que en ese mismo momento Jesús la lleva a encontrarse consigo mismo, le muestra su presente, le recuerda su pasado pero al mismo tiempo le da una esperanza para su futuro.

Encuentro del humano con su pueblo. (Historia, cultura, otros)

En un mundo globalizado donde cada vez parece que el ser humano es un ser completamente aislado de los demás, sin historia y sin cultura, la mujer samaritana nos recuerda que siempre es importante volvernos a encontrar con lo que somos, con nuestras raíces históricas, con el canto y arte de nuestro pueblo y las largas historias de nuestros abuelos, solamente así podremos verdaderamente estar en paz cuando nos encontramos con nosotros mismos.

Encuentro del pueblo con Dios.

Por último, la meta final de la historia no solamente es que un humano se encuentre con Dios sino que toda la gente llegue al conocimiento del amor eterno que Dios les tiene preparado para disfrutar por siempre, todo aquel que ha llegado a encontrarse con Dios sabe que tiene una responsabilidad de comunicar los efectos que ha tenido ese encuentro en su vida y así los que están a su alrededor puedan conocerle también.

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