El folklore que salvó a un pueblo

 

Auditorio del Festival de Cosquín. Imagen tomada de http://digitalinteractivo.com/2017/03/11/festival-de-folklore-de-cosquin/

La muerte blanca.

Desde finales del siglo XIX Argentina fue azotado por un  monstruo invisible que se llevó la vida de miles y miles de argentinos: la tuberculosis.

También llamado “la muerte blanca”, la tuberculosis según algunos datos llegó a tener un índice de mortalidad de 175 personas por cada 100 mil habitantes, ¿él único tratamiento disponible en aquel tiempo? Descanso y cambio de clima ¿cómo una enfermedad así pudo ser una bendición para todo un pueblo?

En los valles del Punilla, en Córdoba, Argentina, existe la ciudad de Cosquín, famosa por sus climas templados y sus múltiples ríos, fue la ciudad elegida por aquellos que padecían la terrible enfermedad para irse a sanar, (los que tenían la posibilidad de salir de las grandes ciudades), aquellos tiempos fueron para la ciudad de prosperidad económica y gran crecimiento de población, hasta que llegó la penicilina.

Con la penicilina y las campañas de salud pública la mortandad por Tuberculosis bajó drásticamente y sobre la ciudad de Cosquín solamente quedó la fama de ser una ciudad para enfermos, enfermos que ya no se aparecían por ahí pues la cura a su enfermedad ya había llegado a sus ciudades, todos los habitantes de Cosquín quedaron en una ciudad fantasma, no apta para producción y olvidada para el resto de Argentina.

 

La cultura, ¿salvadora o destructora?

Como mexicano, desde muy pequeño en la fe me encontré mano a mano con el problema de la cultura: ¿es la cultura mexicana anti cristiana? ¿Puedo ir al cementerio en el Día de muertos y comer calaveritas de azúcar o es eso idolatría y afrenta a Cristo? (Por otro lado mis papás siempre me llevaban a comprar caña de azúcar en el Día de muertos)

Con la producción de Disney de Coco, la película infantil que retoma el motivo del Día de muertos mexicanos las preguntas no se hicieron esperar y siguen llegando a mí “¿qué te parece la película?” Me dicen “que feo que se fomente tan pagana celebración” agregan algunos antes de dejarme contestar: “me hizo llorar” les contesto solamente.¿Cristo nos aleja de nuestra cultura o nos permite adentrarnos más en ella? Mi propuesta es que solamente respetando, amando, cuidando y difundiendo nuestra cultura es como el cristianismo puede tomar vida y transformar la historia de nuestro pueblos y países.

Cristo y la samaritana: el choque de dos culturas.

Creo que no hace falta aclararlo: Jesús era judío, y la mujer no sabemos su nombre pero si sabemos que era samaritana, ahora bien, el titulo de samaritana no quiere decir que solamente nació y vivió en la región de samaria sino que participaba de toda una concepción de la vida y religión que se practicaba en esa cierta región.

¿Qué hacía que la mujer se definiera como samaritana? Según nuestro texto dos cosas: la identificación de Jacob como el padre de su pueblo y la adoración a Dios en el monte Garizim, ¿estaba alejada la mujer de Jesús por creer en estas dos cosas?

Particularmente la primera característica no daría problemas a nadie, aunque los judíos tienden a identificar a Abraham como su padre, la realidad es que cualquiera sabe que Jacob también es uno de sus padres pues está dentro de los reconocidos como patriarcas e incluso su nombre es cambiado a “Israel”.

El tema de la adoración a Dios ya es algo más profundo y religioso, “nuestro padres adoraron en este monte y ustedes dicen que en Jerusalén está el lugar donde se debe adorar”, el tema no solamente es la adoración, sino los padres, es decir, la tradición.

El ser humano es un ser simbólico, y como tal necesita de ritos y costumbres que le den un lugar en el mundo, estos son identificados en todas las culturas y, sobre todo en América latina, han estado bajo ataque de un tipo de cristianismo imperialista que supone que todo lo que nos enseñaron nuestros padres es una afrenta contra el cristianismo y todo rito que no se parezca al de ellos es totalmente anti cristiano.

¿Se opone Jesús, en el texto, a la adoración a Dios en el monte Gerazim? A primera vista así parecería ser, un Jesús en contra de las tradiciones y ritos de los samaritanos, pero cuando vemos más a profundidad nos daremos cuenta que Jesús no se opone a las tradiciones sino a los ritualismos vacíos de significados que solo llevan al hombre a la opresión y a la violencia.

En primer lugar ¿por qué adoraban los samaritanos en el monte Gerazim y no en Jerusalén?, la respuesta es que eso decía en su libro sagrado, es decir, lo que nosotros llamamos el pentateuco, al no aceptar otra revelación más que esa, los samaritanos no tienen instrucciones de adorar en Jerusalén pues Moisés solamente ordenó construir altar en Gerazim (Dt. 27.4-8)

 ¿A qué se opone Jesús entonces en el texto? No a la adoración de Dios en ningún templo, sino a la adoración de la adoración de Dios en un templo, es decir, al amar más la forma y el lugar de adorar que al mismo Dios que debe ser adorado ahí, perder la sustancia por guardar las formas.

A través de los años la adoración en Jerusalén y en Gerazim se había hecho tan importante para los judíos y los samaritanos que les impedía verse los unos a los otros con ojos de amor y perdón y solamente seguían encendiendo el odio entre los unos y los otros, ¿no había dicho Dios mismo “misericordia quiero y no sacrificio”?

Encontrando a Jesús en los templos paganos.

Tal vez el mejor ejemplo de confrontación con la cultura nos lo da Pablo en Hechos, en la famosa historia del Aeropago, ahí el evangelista Lucas pone en boca del apóstol un estupendo discurso que comienza con el reconocimiento de los varones atenienses como “muy religiosos en todos los sentidos”.

De nueva cuenta necesitamos darnos cuenta que el hecho de que los Atenienses sean religiosos, lo cual era parte de su cultura, no es lo que Pablo está criticando sino, al contrario, Pablo promueve esa religiosidad y los insta a buscar en ella a Jesucristo, quien es, debemos aceptarlo “el Señor de la cultura”.

En la doctrina Paulina Cristo es el centro de la creación, todas las cosas fueron creadas por él y para él y es por eso que, incluso en una cultura tan distinta a la judía, Pablo puede encontrar manifestaciones del Dios verdadero, aun siendo en una estatua al “dios desconocido” 

¿Qué pudo encontrar Jesús en la cultura samaritana? En primer lugar Jesús pudo ver a un pueblo que intentaba ser fiel a sus raíces y a lo que ellos consideraban que era la palabra de Dios, en segundo lugar, un pueblo que, buscaba adorarle y podrían pronto, quizás más pronto que los judíos, encontrarle a él como la verdad y la vida en medio de sus tradiciones.

Naciones, tribus, pueblos y lenguas frente a Dios.

En Apocalipsis 7 tenemos tal vez la mayor manifestación a favor de la cultura local, en una visión de la adoración en los cielos el anciano Juan ve gente de todas naciones,pueblos, tribus y lenguas delante del cordero, ¿qué quiere decir eso?

Diversidad y respeto, aunque algunos han interpretado este pasaje poniendo énfasis en la unidad de todas las naciones adorando junto, lo importante es recalcar que para que exista esa unidad tiene que respetarse una diversidad, cada nación, cada pueblo, cada tribu y cada lengua solamente puede seguir siendo ella misma en su propia cultura ¿alguien se imagina a un mexicano que no disfrute escuchar un buen mariachi cuando está afuera de su tierra?

Pero no solamente el cristianismo está llamado a respetar la cultura de los pueblos receptores sino que necesita encontrar en estas culturas lo que en teología se ha llamado “la semilla del verbo” los aspectos salvíficos contenidos en los mitos, ritos y costumbres autóctonos de cada tribu, ¿no había en el reconocimiento de Jacob como el padre que les dio gratuitamente el pozo de agua un reconocimiento del Cristo que traería gratuitamente las aguas vivas?

En este sentido, el cristianismo está llamado a encarnarse en los pueblos, empaparse de sus culturas, conocer sus ritos y tradiciones, y si bien, necesita denunciar aquellas prácticas que conllevan la opresión y la violencia con ellas (como la adoración en el templo de Jerusalén), también necesita escuchar la voz de Dios que muchas veces nos habla en un idioma que no podemos entender, un baile nativo, o, como lo hace en Cosquín, a través de un festival de folclore.

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