Nos toca para servirle.

 

Texto:

14 Al llegar Jesús a casa de Pedro,
vio a la suegra de éste que yacía en cama con fiebre.
Le tocó la mano,
y la fiebre la dejó;
y ella se levantó
y le servía.
Y al atardecer, le trajeron muchos endemoniados;
y expulsó a los espíritus con su palabra,
y sanó a todos los que estaban enfermos,
17para que se cumpliera lo que fue dicho por medio del profeta Isaías cuando dijo:
El mismo tomo nuestras flaquezas
y llevo nuestras enfermedades.

Hemos leído en el capítulo 8 del evangelio de Mateo dos historias sobre sanidades, en primer lugar un leproso y después el siervo (hijo) del centurión romano, en ambas hemos encontramos a un personaje que toma la iniciativa de ir hacía Jesús, ya sea el propio leproso o el centurión que va a pedir por la salud de su siervo (hijo).

Sin embargo, en nuestra vida muchas veces experimentamos una enfermedad, depresión, desanimo o falta de fe tan grandes que ya ni nos sentimos con fuerzas de movernos de la cama y tener la iniciativa de ir a buscar ayuda ¿qué hace Jesús en estos casos?

I.- Jesús, ese hombre que se detiene a ver.

En el texto que hemos leído vemos la tercera actividad de sanidad realizada por Jesús después de dar el sermón del monte, recordemos, en Mateo Jesús enseña, predica y sana, esta nueva sanidad está en íntima relación con las otra dos: la mujer tirada en cama como el paralitico, y el toque de Jesús como al leproso, sin embargo también tiene grandes diferencias.

La primera gran diferencia es que esta vez la multitud no se encuentra presente, Jesús se encuentra en una casa, en el ámbito privado de la vida del que será uno de los discípulos más importantes: Pedro.

La segunda es lo que ya hemos adelantado: nadie se acerca a pedirle algo a Jesús, todo sale de su gracia y voluntad, Jesús, que ha terminado de dar su sermón más importantes, que ya ha atendido diferentes sanidades esta vez se detiene en la casa de Pedro, tal vez a descansar, pero se toma el tiempo para ver a una mujer que está sufriendo sin poderse levantar de la cama.

¡Que importancia el saber que Jesús ve! Jesús se toma el tiempo de detenerse a observar y conocer cuál es tu problema, y se acerca, te da la mano e, inmediatamente puedes levantarte, un nuevo inicio está a la puerta, después del toque de Jesús, las posibilidades son infinitas.

II.-La mujer, la discípula que sirve.

El relato es muy corto, hasta parco se podría decir, Jesús toca a la suegra de Pedro y la fiebre, personificada con voluntad propia, la deja, la mujer es sana gracias al toque de Jesús, todo aquello que la detiene en cama, desanimada y sin voluntad es ahora el pasado, el presente es nuevo y el futuro está lleno de esperanza.

“Y la mujer se levantó y le servía” interesante el uso de los tiempos de los verbos que hace el evangelista, Jesús llegó a casa de Pedro, Jesús vió a la mujer enferma, Jesús la tocó, la fiebre se fue, y la mujer se levantó, todos y cada uno de estos verbos están en pretérito, una acción que ocurrió una sola vez y fue terminada, sin embargo, “y le servía” está en imperfecto, un tiempo que deja entredicho que no solo le sirvió una vez sino que fue una actitud continua de la mejor al ser sana.

La mujer así se convierte en modelo de todo aquel que ha sido sanado por Jesús, si Jesús nos ha levantado de donde estábamos, lo ha hecho con el fin de que podamos servirle con amor y así mismo poder servir a los demás.

III.-La palabra de Jesús, el cumplimiento de las promesas.

Por último, tenemos un resumen de lo que Jesús siguió haciendo, muchos endemoniados y muchos enfermos venían a él, él los liberó a todos y los sanó a todos “con su palabra” esa palabra poderosa de Jesucristo que salva y sana.

Pero el evangelista no se queda solamente en las sanidades físicas, sino que, reinterpretando al profeta Isaías, ubica en Jesús la profecía del siervo sufriente, y ubica en sus sufrimientos y martirio la causa de nuestra salvación, en él, y en su palabra, tenemos la esperanza para hoy, para mañana y para la eternidad.

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