Pánico, cigarros y Luis Miguel.

Después de ir a que me corten el pelo (actividad tan odiosa y necesaria como las reuniones organizativas en las iglesias) pasé al día a comprar un par de baterías triple A y la vida como siempre tenía una anécdota para mí.

I´m going on an Adventure!

Una cosa en la que soy muy diferente a Gabí: me encanta ir al supermercado, aunque sea una sola cosa la que tengo que comprar para mí el salir de casa siempre ha implicado la posibilidad de vivir una nueva aventura, esta vez no falló.

Realmente pensaba pasar al supermercado chino para no hacer fila, pero al estar frente al día me di cuenta que solo había dos personas esperando: una viejita con un pan y un hombre que probablemente solo compraría cigarros así que entré.

Poniéndole la pausa a la vida.

Queriendo apresurarme terminé tardando más que nunca, en primer lugar la viejita tardó en pagar tomándose todo su tiempo para sacar moneda a moneda de tal manera que mi paciencia se empezaba a terminar, ¡Dios es muy gracioso!

El hombre pagó rápido y la señora seguía parada a lado de la salida cuando él salió, yo pagué y me dirigía a hacer lo mismo cuando una mano arrugada me tomó del brazo y una voz temblorosa me suplicó: “tengo pánico de salir sola a la calle ¿me acompañas a comprar cigarros y a la puerta de mi casa?”

Cuando calienta el sol.

Caminando rumbo al kiosko donde le venden los cigarros más baratos y en medio de la charla normal ella reconoció en mi acento algo particular “hablas parecido a Luis Miguel, ¿lo conoces?” “Soy de México, pero no tengo el honor, ni a un recital de él he ido”

Como es normal la charla continuó preguntando las razones de estar en Buenos Aires, la típica suposición de que estudiar teología es igual a ser sacerdote y alguna pregunta más profunda “¿se puede curar mi enfermedad?” “Voy a orar por usted” le prometí.

Acompañamiento.

Fui con ella a dos Kioskos, en uno compró sus cigarros y en otro le fiaron un alfajor, después me pidió caminar con ella hasta su casa, la cual me quedaba de camino a la mía, para eso ya había “perdido” por lo menos 20 minutos.

”Gracias por la compañía, ¿te molesté mucho?” Me preguntó, “no se preocupe señora, todos necesitamos en algún momento alguien que camine a nuestro lado”.

Así es el camino, lleno de sorpresas, de encuentros inesperados y bendiciones increíbles, espero que cada uno de nosotros nos tomemos el tiempo de caminar un tramo al lado de aquellos que no caminan tan rápido como nosotros, bendiciones a todos, gracias por leer, comentar y compartir.

sígueme y dame likes!
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Comentarios

  1. Eber ibarra

    Imaginate tener el honor de conocer a luis miguel… por otro lado siempre es bueno tener un buen compañero de viajes aunque sea del super a tu casa.. abrazo amigo!

    1. Autor de la
      Entrada

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