Pentecostés: Libertad, valentía y comunidad (Juan 20.19-23)

Juan 20.23
Juan 20.23
Juan 20.23

I.-El Pentecostés de la libertad.

La narración nos presenta un panorama muy triste: los discípulos se encuentran encerrados con llave por temor a los judíos lo cual es primeramente una indicación de la situación histórica de la comunidad receptora del evangelio la cual ya estaba sufriendo la hostilidad de los grupos judíos pero también es una indicación simbólica del humor del discípulo sin el poder y cuidado del Espíritu Santo.

Sin el Espíritu Santo no somos más que un montón de discípulos asustados encerrados en cuatro paredes por temor al mundo, muchas veces la iglesia parece una jaula donde todos los canarios cantan muy lindo, tienen comida y agua, no les falta nada, solamente la libertad y eso lo es todo.

Jesús irrumpe entonces en el cuarto, y lo hace con un llamado a la paz, y no solo uno sino dos, y no solo dos sino tres pues en el siguiente pasaje, la historia ya estudiada de Tomás, completa la triada. 

Esta paz como ya muchos lo han hecho notar es la shalom judía, esa paz que representa el bienestar total, bienestar total que solo puede ser posible cuando hay libertad, cuando el hombre se encierra en sí mismo por los miedos por las preocupaciones y por las heridas se está cerrando a cumplir aquello para lo que fuimos hechos, para ser amados y amar.

II.- El Pentecostés de la valentía.

Solo en esta libertad entonces somos libres a un Pentecostés de la valentía, todos los textos que hablan del Pentecostés hablan también del envío de Jesús, mientras en Mateo la gran comisión nos dice qué hacer: “vayan, haciendo discípulos…” en Juan se nos dice el cómo: “como el Padre me envió yo los envío a ustedes”


¿Cómo envió en Padre al hijo en el evangelio de Juan? En Juan Jesús es dueño de su propio destino, él entrega su vida, nadie se la quita y nos invita a todos a libremente entregarnos, Jesús muestra sus cicatrices, no las ha perdido después de resucitar, señal de que para que cada uno de nosotros resucitemos también tenemos que llegar a la cruz.


No encerremos la valentía de seguir a Cristo solamente en aquellos llamados a las misiones en miedo de la selva, o en países en guerra, sino que cada uno de nosotros necesitamos la valentía para negarnos a nosotros mismos, valentía para pedir perdón, valentía para perdonar y sobretodo valentía para amar, porque amar siempre es un acto de valentía.

III.- El Pentecostés de la comunidad.

Por último hay en este Pentecostés un llamado a la comunidad, es una invitación a la iglesia a formar parte de la comunidad escatológica que juzgará al mundo, pero no para condenarlo sino para salvarlo siendo la luz y la belleza dentro de este.


El texto no nos pone en posición de decidir a quién perdonar y a quién no sino que nos pone en una posición de responsabilidad y oración por el mundo entero, oración que solo se puede llevar a cabo en comunidad, nos necesitamos unos a otros, necesitamos nuestras oraciones, y el mundo, aquel que parece estar en tinieblas, encerrado en sí mismo y sin perdón, necesita nuestras oraciones y nuestras acciones valientes y simbólicas para llevarles este amor.

 

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