Quiero, sé limpio. Mateo 8.1-4

Texto:

Bajando (Jesús) de la montaña le seguía a él una gran multitud.

Y entonces, un leproso se acercó arrodillandose ante él diciendo: Señor, si quieres puedes limpiarme.

Y extendiendo (Jesús) la mano hacia él lo tocó diciendo: Quiero, sé limpiado.

E inmediatamente fue limpiado de la lepra.

Y dice a él Jesús: Mira, a nadie hables, sino ve tú mismo, muéstrate a los sacerdotes y ofrece la ofrenda que mandó Moisés para testificar a ellos.

Introducción: La ley tiene un nuevo corazón.

¿Cuál es la gran queja de los ciudadanos en todos los países sobre los políticos? Durante campaña hacen muchas promesas pero cuando están gobernando no pueden llevar ninguna adelante ya sea porque no pueden pero más probablemente porque tienen otras prioridades en sus agendas.

En la antigüedad pasaba exactamente lo mismo, había políticos, había maestros y religiosos que hablaban mucho y muy lindo pero que, en la práctica,  solo imponen más y más cargas sobre aquellos que caen en sus garras, ¿cuál es la diferencia de Jesús?

El relato que acabamos de leer es significativo desde el inicio, Jesús baja de la montaña, la montaña en donde acaba de dar su sermón más largo según el evangelio de Mateo, pero sobre todo la montaña en donde se acaba de proclamar la nueva ley y así como Moisés bajó después de recibir las tablas de parte de Dios, ahora Jesús es el que baja, y tiene una multitud de testigos.

Leyes y carga no faltaban ni faltan nunca en las religiones, los judíos por ejemplo, tenían más de seiscientas regulaciones para cumplir la ley, Jesús no se pone en contra de la ley, al contrarío, cuando uno lee el sermón del monte a veces parece que lo hace más difícil de cumplir, más cargas sobre un pueblo ya cargado, sin embargo, al bajar de la montaña, Jesús mostrará cuál es el nuevo corazón de la ley.

I.- La nueva ley acerca a aquellos que han sido menospreciados.

Lo primero que sucede cuando Jesús baja de la montaña investido como el nuevo Moisés, es que se acerca un leproso, y se arrodilla delante de Jesús, según la ley los leprosos no pueden relacionarse con la gente ritualmente pura, no debería estar ahí y mucho menos debería acercarse a Jesús, ¿Cómo reaccionará el dador de la nueva ley ante esta “falta de respeto”?

Pero primero enfoquémonos en la actitud del leproso, se acerca, se arrodilla y llama a Jesús “Señor”, esto en el evangelio de evangelio es la actitud de un autentico discípulo, la nueva ley no tiene como discípulos ideales a aquellos que son considerados los puros, los ricos, los bien aceptados por la sociedad sino aquellos que han sido rechazados, que aceptan su impureza pero llegan en humildad, se arrodillan ante Jesús y aceptan su señorío.

“Si quieres, puedes limpiarme”, el autentico discípulo de Jesús no duda de su poder, pero sabe que el poder está subordinado a la voluntad, no intenta controlar a Jesús, no intenta obtener nada a la fuerza ni por cumplir ciertas reglas, sabe que depende absolutamente de la gracia del Señor para ser limpio, “que se haga tu voluntad”.

Y Jesús, que ha elevado las exigencias de la ley se encuentra en el momento con un hombre ritualmente impuro, con una multitud observando atentamente su reacción, lo que haga o no va a afectar positiva o negativamente todo su ministerio, ¿que hace? Extiende la mano y toca al leproso.

Jesús extiende su mano así como la extendió Dios en el texto del éxodo para liberar al pueblo de Israel de la esclavitud, Jesús no se identifica con Moisés solamente por dar la ley sino que se identifica con Dios mismo no como dador de ley sino como liberador de la esclavitud, ante el hombre que está esclavizado por la enfermedad, por la impureza, por el pecado, Jesús extiende su mano y lo toca.

Lo toca, “quiero, se limpio” le dice e inmediatamente el hombre es sanado, no son las palabras de Jesús las que sanan al hombre, es la acción de tocarlo, después de años de no ser tocado por nadie, de años que la ley le prohibía siquiera hablar con sus familiares, llega Jesús y lo toca, sin importarle lo que decía la ley, el humano es más importante, “el sábado está hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado” dirá en otra ocasión.

II.- “No le hables a nadie, solo muéstrate”.

Jesús solo tiene un mandato para el hombre: “a nadie hables”, extraño mandato de alguien que está empezando su ministerio, “no le cuentes a nadie”, en el evangelio de Mateo no existe el famoso secreto mesiánico de Marcos ¿por qué Jesús le pide que no hable con nadie?

“Ve tú mismo y muéstrate” el discípulo que ha sido purificado en el evangelio de Mateo no está llamado en esta ocasión a ir y hablar, está llamado a ir y mostrarse, ir a mostrar lo que Jesús ha hecho por él, ese es su mayor testimonio.

Nosotros como el leproso no estamos llamados primeramente a ir y hablar, estamos llamados a ir “nosotros mismos” y mostrarnos, “vean lo que Dios está haciendo en nuestra vida” “vean como Dios me sacó de las drogas” “vean como Dios me está ayudando con mi carácter” “vean como nos amamos”, no son las palabras las que convencen a la gente, son los cambios que solo podemos tener si nos acercamos de rodillas ante la gracia de Jesús.

Conclusión: La nueva ley nos acerca, y nos pide que nos acerquemos a los que están lejos.

Jesús atrae al leproso ante él, lo acepta, lo toca y lo sana, pero también le pide que vaya y sea de testimonio, el día de hoy Jesús nos acepta, nos toca y cambia nuestra vida de maneras que antes parecía imposible, pero también nos pide que salgamos de este lugar y seamos de testimonio para los que están afuera, ¡que la gracia purificadora de Dios traiga un nuevo soplo de vida a este lugar! Oremos

sígueme y dame likes!
error

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

62 + = 63