Renovación y dones espirituales.

Renovación y dones del Espíritu

Por fin hemos terminado de llevar todas las cosas del antiguo al nuevo departamento, hemos ordenado algunas y faltan otras, como en la vida, uno siempre tiene que estar en proceso de renovación.

No he tenido tiempo para escribir por completo el sermón de domingo pero les quiero compartir un poco de lo que quise transmitir en mis palabras.

Texto

El texto base de la predicación fue Romanos 12, el cual fue dividido en 3 partes: versículo 1 y 2, versículos 3 al 8 y por último rápidamente se hizo referencia a los versículos del 9 en adelante.

Realmente es un pasaje que merece una atención mucho más detenida sin embargo quise enfatizar en algunas pequeñas cosas que me parecen pertinentes para la iglesia hoy en día.

Renovarse o morir.

En la primera parte del pasaje Pablo hace un llamado a la renovación, renovación que no quiere decir dejar todo atrás sino tomar lo que es útil y lo que no mandarlo a la basura (como lo hacemos con las mudanzas).

Renovarse es algo indispensable y constante en la vida del Cristiano y de la iglesia, aquel que se queda estático se “conforma” al status quo, al sistema de este mundo que siempre nos quiere llevar en contra de la voluntad de Dios.

Dones: oportunidades de servicio, no de cargos.

En esta renovación que necesitamos como cristianos y como iglesia debemos cambiar la forma en la que “tradicionalmente” se han visto los dones espirituales, 

En la segunda parte del pasaje propongo que el apóstol ve los dones no como elementos estáticos en la vida del Cristiano sino como oportunidades de servicio que Dios nos va dando a lo largo de nuestro andar.

Lo anterior quiere decir que no existe alguien con el “don de misericordia” sino que en ocasiones Dios nos da la oportunidad de mostrar misericordia, cuando eso pase, hagámoslo con alegría, así con el resto de los dones.

Esta visión dinámica de los dones del Espíritu (que claramente es dinámico y no estático) evita que caigamos en formas de iglesia más parecida a una empresa donde cada uno tiene un cargo y seamos más un lugar donde cada uno sirve alegremente en las oportunidades que Dios le da.

La iglesia: una comunidad para reír y llorar.

La tercera parte del pasaje, la más larga, habla de la vida en comunidad, es decir de los efectos de lo anterior en la convivencia diaria y sobretodo dentro de la comunidad cristiana.

En resumen, si cada uno usa las oportunidades que Dios le da de servir, entonces la comunidad cristiana se convierte en un lugar donde el Espíritu Santo actúa libremente y podemos reír con el que ríe y llorar con el que llora.

Fin de una semana loca (y bendecida)

La semana pasada fue un tanto loca, varios en la iglesia nos vimos desde el martes hasta el domingo, entre actividades con los niños, oración y celebraciones no nos dimos tiempo de extrañarnos y ¿saben qué? No nos arrepentimos de nada.

Aún se puede decir que somos una comunidad pequeña, un pequeño rebaño que solo quiere seguir los pasos del pastor y si una oveja se pierde no dejaremos ir al pastor ir solo a buscarla sino que todos iremos a su lado para festejar juntos su encuentro.

Gracias por leer, comentar y compartir.

Alexeiv Rodríguez

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