Tangos y chacareras: el pasado se hace presente.

Plaza Colón. Fuente: https://es.m.wikipedia.org/wiki/Plaza_Colón_(Córdoba)

Eran aproximadamente las diez de la noche de un domingo cuando nos dirigimos hacía la plaza Colón en la ciudad de Córdoba capital en búsqueda de un helado para aligerar El Fuerte calor que había azotado todo el día, cuando estábamos por llegar unos cuantos pañuelos irrumpieron en el horizonte moviéndose con la gracia que yo jamás podré tener a bailar. En medio de la plaza, al menos una docena de personas de la tercera edad se encontraban bailando con tanto entusiasmo movidas chacareras que, nos apresuramos por el helado y volvimos a observarlos.

El baile siguió unos cuantos minutos más, de las chacareras pasaron al tango y mientras los observábamos más de cerca nos llamaba la atención lo bien arregladas que estaban las señoras, lo galanes que se habían vestido los señores, la seriedad con la que interpretaban cada paso y la alegría de saber que, aún a su edad, la juventud no se había perdido y los tiempos gloriosos del pasado todavía le pertenecían al presente.

¿No es el ser humano un animal con nostalgia? Dice el dicho: los viejos tiempos siempre fueron mejores, otros dicen que hoy no hay tan buena música, tan buenos modales, ni tan buenas relaciones, sin embargo, más allá de la romantización del ayer, cuando el hombre se encuentra consigo mismo, con su presente y su pasado se da cuenta que no puede saludar a este como un viejo amigo sino que le huye como a un enemigo a quien sabe que no va a vencer.

Cuando la mujer se encuentra con Jesús este la hace voltear hacía atrás, la hace ver su doloroso pasado en el que ha sido humillada, maltratada, violentada y menospreciada, pero no lo hace para levantar el rencor, sino que él sabe que la única manea de reconciliarnos con los demás, es primeramente reconciliarnos con nosotros mismos.

¿Cómo evitar que una herida del pasado nos haga odiar nuestro presente y perder nuestro futuro? La biblia está llena, no de respuestas, pero sí de ejemplos de aquellos que lograron reencontrarse con su pasado, darle una nueva lectura, vivir sanos su presente y dejar una huella positiva para el futuro, uno de los más clásicos ejemplos: José.

José, el soñador que se vive una pesadilla.

José, al igual que la mujer de nuestra historia es el típico hombre al que todo le sale mal: nacido como el favorito de su padre pero odiado por sus hermanos es atacado por ellos y vendido como esclavo a Egipto, cuando parece que las cosas van mejorando nuevamente la injusticia se hace presente y es arrojado a la cárcel, en donde, después de ayudar a los demás de nueva cuenta es empujado al olvido por unos cuantos años.

Ahora bien, si alguno piensa que la moraleja de José es que, por más mal que te vaya en la vida si confías en Dios un día vas a llegar a ser el brazo derecho del faraón, tener todos los privilegios en la corte y salvar a tu familia de la desgracia, esa persona no debe entender nada de la vida o debe ser un sádico que no conoce del dolor.

Después de toda una vida de sufrimiento, injusticias y lamentos, José tiene unos cuantos años de prosperidad ¿no hubiera preferido muchos años de tranquilidad en la casa de su padre a cambio de unos pocos de sufrimiento por las hambrunas?, si José fuera un humano normal seguramente sí, seguramente en esos pocos años que le quedaban de prosperidad no quería recordar nada de su pasado, pero Dios siempre nos tiene guardadas las sorpresas.

La historia también todos la conocemos, un día, entre todos los que llegaban a pedir ayuda y provisiones a Egipto llegaron justamente los hermanos de José, los causantes del inicio de todas sus desventuras, él los reconoce a ellos pero no ellos a él, y ahora, el príncipe de los sueños va a tener que enfrentar una pesadilla.

Y es que el pasado es una pesadilla para muchos, una vida antigua que intentan dejar atrás pero que, nos dicen los psicólogos y lo comprobamos en la vida, marca cada decisión y acción que tomamos a través de todo nuestro vivir, si no podemos simplemente olvidar lo pasado ¿que opciones nos quedan para construir nuestro futuro?

En la historia de José vemos claro las opciones: déjalo atrás no pudo pues la visita de sus hermanos le refrescó la memoria, podía guardar rencor, buscar venganza (cosa que él sí tenía a la mano y nuestra mujer no), vivir amargado por lo que le había pasado o podía recordar que detrás de todo eso que le había pasado existía un padre que lo amaba tanto que había sufrido más que él todas sus tragedias.

Que nadie se apresure a interpretar mal a José, tampoco lo elevemos a santo pues la intención de vengarse pasó por mucho tiempo en su cabeza, ¿qué fue lo que hizo que José se convirtiera en el salvador de una nación que aún ni existía? El recuerdo del amor del padre y la convicción de que, si bien existieron las injusticias, Dios no se gozaba en ellas ni dejó de amarlo y creer en él a pesar de todo.

Ante la pregunta sobre el mal el cristianismo solo tiene una respuesta clara: “A Dios no le gusta”, todo lo demás son especulaciones, pero ante la mirada triste de las víctimas y el arrepentimiento de los victimarios también tiene una respuesta fuerte, profunda y única: Dios te sigue amando.

Amazing Grace, el himno que cambió el mundo.

Es muy fácil hablar del amor de Dios por las víctimas, pero ¿qué pasa si el pasado que nos persigue no es el de víctima sino el de victimario? Muchos no somos la mujer buscando agua, sino los hombres que la han dejado seca durante toda la vida, ¿tiene algo Dios para decirnos? Seguramente John Newton también se lo preguntó.

John Newton es el escritor de uno de los himnos más queridos e interpretados en todo el mundo, tanto en las iglesias como secularmente: “Amazing Grace”, himno que tiene una fuerza espiritual tan fuerte como la historia detrás del escritor:

John Newton siempre fue un rebelde, testarudo a arrogante, en su juventud, ante la desesperación su padre lo obliga a unirse a la marina real británica, John, escapa tres veces hasta que finalmente es tratado y humillado como un desertor, ante esto, y las ansias de ganar dinero ¿qué hace el joven John que solo sabe disfrutar la vida y componer poemas? Se une a un barco esclavista y se convierte así en un mercante de humanos.

¿Cómo puede ser que un vendedor de esclavos haya escrito uno de los himnos más hermosos de la historia? La respuesta es que Dios toma lo peor de los humanos y lo convierte en el poema más hermoso que puede existir.

John se convierte después de ser salvo de la muerte milagrosamente y con el tiempo renuncia a su empleo de esclavista y se vuelve uno de los máximos promotores de la lucha antiesclavista en Gran Bretaña, si Dios puede cambiar la vida de un hombre así ¿qué no puede hacer con la tuya? (la historia completa la pueden ver en la maravillosa película “Amazing Grace”).

La mujer, un duro encuentro con el pasado que salva a su pueblo.

Volvamos a nuestra querida mujer, la que ha sufrido las injusticias de la vida y busca olvidar lo más posible todo lo que le ha acontecido, llena de heridas por el maltrato decide incluso alejarse de los demás para evitar volver a ser lastimada, hasta que llega Jesús y le recuerda todo lo que ha pasado.

“Cinco esposos has tenido y el que tienes no es tu esposo” ¿es necesario que Jesús toque esa herida tan profunda? Sí, sí lo es pues para que la mujer pueda vivir plenamente debe poder lavar y sanar sus heridas y esas heridas sólo pueden ser curadas con el agua viva que promete Jesús, ¿cómo sabemos que la mujer fue sanada?

“Y entonces la mujer dejó su cántaro, fue a la ciudad y habló a los hombres” la mujer que salía al mediodía para no ser vista toma la iniciativa de ir a la ciudad y contarle a los hombres acerca de Jesús, probablemente entre esos hombres estaban los que la habían repudiado, muchos de ellos la trataban como alguien sin valor, la habían herido durante toda su vida, sin embargo, al toque del agua viva de Jesús, la mujer puede encontrarse con su pasado y saber que aún le queda un presente y futuro por vivir.

Al tomar el agua viva que Jesús nos ofrece, nos permite encontrarnos con nuestro pasado, con nuestras heridas, con nuestras maldades, con nuestros pecados y, dándonos cuenta del amor del padre que ha sufrido junto a nosotros nuestras desgracias y de la misericordia que nos tiene antes nuestras fallas, nos encontramos bailando nuevamente, sin importar nuestra edad, pues el presente brilla y el futuro nos espera.

 

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