Teología y fútbol. Introducción

Tigres y Jesús, dos pasiones de por vida.

Amo el cristianismo y amo el fútbol, sigo a Jesús y sigo a Tigres.

Muchos me catalogarán de loco, otros, de hereje, «¿cómo comparar el amor a algo tan trivial con algo tan sagrado?» Dirán (¿Alguien se ha atrevido a definir qué es lo sagrado y qué es lo trivial) yo les contesto ¿acaso se puede comparar el amor?

No, el amor no se puede comparar porque no se debe medir, y no se debe medir porque nunca es igual, no se ama más o se ama menos, simplemente se ama diferente pues, si pudiera amar más no podría llamarlo amor pues sería solamente un tibio tipo de querer pero no amar, tal como quiso la multitud a Jesús solamente mientras le daba pan, tal como quiere la afición al director técnico solamente mientras le da campeonatos.

Estoy por cumplir 23 años de seguir a tigres, tengo casi 10 de estudiar teología y no me considero experto en ninguna de las dos cosas: conozco hinchas profesionales, de esos que tienen una colección completa de cada playera que ha usado el equipo desde que eran los «jabatos Nuevo León», han ido a cada partido de local y visitante y podrían recitar la alineación que salió a la cancha un sábado de 1972 a jugar contra los petrolero de Salamanca, con todo y los suplentes.

También conozco cristianos profesionales, de esos que tienen todas las versiones que han salido de la biblia, tienen la de estudio, la de profesionistas, la del niño, la de la niña, la de la esposa, el esposo y hasta la mascota, han asistido desde hace años a todos los congresos y conciertos cristianos de la ciudad y pueden recitar de memoria textos bíblicos de Sofonías y de alguna manera aplicarlo a alguna situación actual mundial.

Y con mucho respeto también conozco a teólogos de verdad, algunos han sido mis profesores y otros me han enseñado a través de libros o videos, manejan el griego, hebreo y latín de una manera que yo jamás lo haría y en sus enseñanzas mezclan palabras en francés, inglés y alemán y apellidos de autores que yo apenas sabía que existieran.

A todos ellos los conozco y los quiero, a muchos de ellos los admiro y me gustaría llegar a ser como ellos, pero estas líneas las escribo desde el lado de los que amamos al equipo aunque no siempre hemos podido estar a su lado, de los que no podemos costearnos tener cada una de las playeras del equipo que cada año nos intentan vender para aprovecharse de nuestro amor al equipo y de los que en ocasiones nos tenemos que perder un partido porque la lejanía y el ritmo de vida nos impide estar despiertos a la hora del partido.

También escribo desde el lado de los que intentamos ser buenos cristianos pero sabemos que muy seguid caemos y fallamos, no sé recitar de memoria y en orden los profetas menores y, muy sinceramente, no me importa memorizar toda la biblia ni terminarla de leer una vez al año.

Por último, escribo como alguien en el camino de la teología, un camino difícil, poco transitado y muy criticado del que muchas veces se sale con menos amigos de los que uno desearía pero cada uno de ellos mejor que el otro, un camino por cierto, que nunca sabes a dónde te va a llevar.

Físicamente me encuentro en Buenos Aires, no poca cosa para escribir de fútbol y teología, pues, si bien Buenos Aires huele a mate y asado durante el día y a humedad y marihuana durante la noche, siempre que pongas un poco de atención puedes escuchar a dos personas hablando de fútbol, y, si vas a predicar sobre la injusticia, es mejor que no uses como ejemplo el fuera de lugar de Tévez en el mundial del 2010 a México cuando estábamos jugando mejor que ellos.

Teología y fútbol, un viaje interminable a través de dos pasiones que permean mi vida desde que lo recuerdo, dos pasiones que parecen ser contrarías, lo sagrado y lo profano, pero, cuando estoy en la cancha, cantando y gritando con el corazón en la mano me preguntó ¿no estaría Jesús al lado de este loco? Este loco que ha aprendido a amar, al menos 90 minutos, de la manera que él desea que lo haga toda la vida.

Bienvenidos a mi mundo, espero no ser muy hereje o muy cristiano para ustedes, los espero la próxima semana con otra entrada de «teología y fútbol».

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